Y es el mismo que encabeza la cosa pública en el país, que designó una Cámara de Cuentas expulsada por manejos inescrupulosos y que, en un aparente empeño por corregir ese error, designó otra Cámara de Cuentas que todavía no ha cumplido tres meses de ejercicio y está bajo la lupa pública, después que sus miembros dispusieron de los bienes ajenos para asignarse montos cercanos a los RD$500 mil como una regalía pascual y un bono que no se ganaron.
Es el mismo partido de la moralidad cuyo presidente, en base a una prerrogativa prevista en la Constitución de la República, emitió un decreto de indulto que ha encontrado uno de los más amplios y unánimes rechazos, incluso de la Iglesia Católica, a través del misionero miembro de la Comisión de Indultos de la Procuraduría General de la República y de la máxima figura religiosa católica.
En esa dirección, es demasiado evidente que el Partido de la Liberación Dominicana, justo cuando se encamina a cumplir su 35 aniversario de fundación, anda por el campo abierto del descrédito, con el agravante de que lo preside Leonel Fernández, el más aventajado de los discípulos de Bosch, y al mismo tiempo presidente de la República en la que ocurren tales desafueros. ¡Quién lo creería!
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