Mala práctica con las presas

La práctica de esperar hasta el último segundo posible para el desfogue de las presas carece del más mínimo sentido de gerencia del bien común; y de manera extendida de la comprensión del valor del bienestar ciudadano.

De esta forma también se desconoce el valor de la actividad económica privada como uno de los principales activos patrimoniales de la nación.

Los responsables de planificar el manejo de las presas en caso de riesgos tienen entrenada la incapacidad, pero sobre todo la insensibilidad.

Las experiencias anteriores, por más recientes que sean, no han resultado suficientes como para que los operarios interioricen que el “yo cumplo órdenes de mis superiores” tiene un precio humano irreparable.

El clientelismo político y el esquema predominante en la toma de decisiones alrededor de estos cargos técnicos tienen el costo exacto del subdesarrollo.

Plantearse operativos de asistencia a damnificados con beneficios políticos, como respuesta a un mal manejo de las presas, es por demás perverso.

ntender que ruedas de prensa de último minuto, acompañadas de un aparataje de correr la voz de que “van a soltar la presa”, por parte de los bomberos, la defensa civil y hasta los cuerpos de orden público, no son suficientes para justificar la insensatez de la falta de planificación técnica.

Una vez más, los que manejan la Presa de Tavera juegan a esperar a que la cota llegue al límite superior, para entonces soltar 500 metros cúbicos por segundo, precisamente a las seis de la tarde: ¡otra vez de un golpe, otra vez de último minuto y otra vez de noche!

Todo este descalabro en el manejo político de la administración de la cosa pública se refleja en la incapacidad de los tomadores de decisiones de valorar el costo nacional de esta irresponsabilidad.

La incapacidad de calcular la sumatoria de: los daños causados en pérdidas de capitales invertidos (incluyendo el costo del uso del dinero), la omisión del aporte de esta capacidad instalada al PBI, la pérdida de divisas por la caída de las exportaciones contratadas, el costo de reposición tanto de la propiedad privada, como de la infraestructura vial y de servicios del Estado y la paralización de la actividad económica de todas las zonas de influencia.

Cuando se “suelta la presa” sectores productivos organizados como los exportadores de banano orgánico, la industria del arroz, la industria del tomate, los productores asociados de carne y leche, en fin, cuando se “suelta la presa”, toda una región río abajo del Yaque del Norte es sentenciada descaradamente a que pierda lo suyo.

Pero aquí prevalecen dos elementos intrínsecos al daño: 1) el que pierde es el balance económico nacional y 2) el pueblo lo sabe ver!

Efectos de la tardanza

Grandes plantaciones de tomate, arroz y banano están inundadas, a causa del agua desbordada de la presa de Tavera que pudo haberse desfogado a tiempo, en vista de que era previsible que el embalse se llenara tras varios días de lluvias continuas.

El llamado Comité de Presas no actuó con la antelación requerida, a pesar de que los aguaceros se extendían. Hasta ahora los efectos se sienten en la zona de Navarrete, pero en los próximos dos días podrían manifestarse en cultivos de Guayubín y Montecristi.

Fuente:elcaribe.com.do

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